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Mostrando entradas de junio, 2023

Invisibles (segunda parte)

  Los invisibles me acogieron. Fui uno de ellos. Era tal mi estado de deshidratación que perdí el sentido. Me desmayé en la calle. Suerte que en ese momento vestía como ellos. De inmediato me sacaron de allí y me llevaron a uno de los muchos canales de conducción de las aguas residuales. No volví a mi apartamento. Llevaba tanto sin recibir aviso que di por hecho que habían prescindido de mí. Todos los supuestos eran aciagos. Ese futuro de final de mi tiempo activo se había esfumado. Nada era previsible. Había pensado que sí. Esos días descubrí que allí era alguien. Quisieron saber de mí. Me cuidaron. Me alimentaron. Me acompañaron. Aún con desconfianza admití. Había niños, había ancianos, había personas distintas. Era otro mundo. Humano. Sí. Vieron mi libro entre mis cosas y me animaron a intercambiar. Gracias a ellos pude leer otros. Muchos más. Muchas veces me acerqué al círculo de los cuentos. Allí hablaban del mundo de antes. De la identidad. Se entendió el abandono que había s...

Cambios

  El traslado se hizo en un par de jornadas. La distancia no lo requería, pero sí el despiste. Miriam nunca sabría que el recorrido le había llevado a un par de kilómetros de distancia. El rodeo y cambio de transporte había buscado despistar. No a ella. Entraron por mar. No sabría nunca que ese castillo tenía mucho que contar. Era lo más exclusivo. A él se accedía por agua, porque las otras vías de acceso estaban cortadas. Por aire llegaban los suministros. Ya instalada, sus ventanales miraban a un horizonte de amaneceres. Nunca saldría. Esperó instrucciones. Los jardines exteriores le permitían paseos. Desconocía la vida que se movía tras sus altos muros y portalones cerrados. Los únicos sonidos que percibía no auguraban movimientos. Sólo las aves iban y venían.  El castillo estaba acompañado por otras instalaciones. Desde los caminos empedrados por los que paseaba veía cómo se alzaban en distintos niveles. Pudo contar varios edificios, recordando los pabellones de su infanci...

Miriam II

  Miriam y otras habían estado en un evento. Ese día, después de comer la trasladaron a un lugar alejado de la ciudad. Desde su asiento no pudo ver el recorrido. Su coche era blindado. En su espacio no veía ni al conductor. En ese momento le notificaron los cambios. Lo aceptó sin poner ninguna objeción. Le privaban de parte de su tiempo, pero le animaba la novedad. Era una fiesta social. Cuando llegaron la llevaron con otras mujeres hermosas a un salón en el que pasaron por maquillaje, tras ducharse. Las vistieron de tiros largos. Decoraban con su presencia, nada más. Sonreían y asentían. No intercambiaban miradas, atendían de cerca a la persona asignada. Lo que se hablara quedaría en secreto, como siempre. Ya había participado en tales eventos. Para ella carecían de interés. Se limitaba a acompasar su presencia a un ritmo que seguía sin dificultad. Otras animaban las conversaciones, ella no. Su físico bastaba. Aún en su cuarentena era increíblemente hermosa. En ella se daban rasgo...

Alba IV

  Hoy ha hecho un calor insoportable. Ir andando se me hace insufrible. Las paredes y el suelo están que arden. No llevo agua. Mucha gente no hay. Dudo que hoy haya habido mucho movimiento. He dormido más que nunca. No me animé a salir. Por eso no tengo agua. En la nevera no me quedaba. Sólo una poca de la de lavarme y la he gastado. No he comido. No sé si aguantaré mi turno, pero no tengo permitido llevar nada mío. Con el libro hacen la vista gorda. Como no tengo otros entretenimientos, en las horas vacías, deben pensar que no hago ningún mal. Tampoco tienen idea de lo que puede contener un libro. Su ignorancia me protege. Apenas leen o escriben algo concreto y breve. Sus responsabilidades, como las mías, no tienen ninguna complejidad. Nos saludamos en el cambio de turno. Aunque no lo parezca, esto funciona noche y día.  Nuestro edificio es de los más altos. Por eso se diferencia con claridad desde el merendero del río. No tiene ninguno pegado a él. Los que debió haber fueron...

Primeros años

  El paritorio estaba en un edificio anexo. Las niñas en sus juegos llegaron a él. Nadie lo advirtió. Alba y Miriam se habían alejado cogidas de la mano, ocultándose de las miradas detrás de unos setos que bordeaban el espacio ajardinado donde pasaban la tarde las pequeñas. Cuando Miriam fue llevada a parir, recordó aquel día. Eso acompañó su tristeza. Cerró lo ojos, como había hecho tantas veces, para no ver y dejar de sentir. Su grito era inevitable. Escuchó el llanto del momento en que el bebé respiró. No lo vio. No supo nada. La sacaron de allí y llevaron a una habitación sin ventanas, con una luz tenue en el techo. Una celda de unas instalaciones carcelarias de años que no se nombraban. Estaba sedada. Observaron sus reacciones físicas y tuvieron cuidado en no informarle de nada, aunque ella misma no preguntaba. Se hacía la dormida cuando alguien entraba a dejarle la bandeja con comida. Sabía si desayunaba o cenaba. Cuando algún médico o asistente sanitario la atendía, respondí...

Alba III

  Cuando leí Los miserables sentí que la angustia me atravesaba. Recordé a R aquel día en que se lo llevaron a rastras. Lo patearon. Él gritaba. Pensé, no hablé. Cierto, no hice nada. Debimos reaccionar. No era justo. Justicia es un valor caduco. Somos nadie en esta nada. Pienso. En mi pensamiento no hurgan. Allí sólo yo tengo acceso. Antes de eso no me costaba estar allí. Después fue un suplicio. Mi gesto no cambió, pero sí mi alma. A partir de ese día perdí mi calma interior. El día que me asignaron la sexta pensé que con la novedad encontraría de nuevo mi equilibrio emocional.  Desde que encontré a M mi determinación es total. Vamos a salir de ésta. Lo vamos a lograr. En el refugio de nuestras infancias, lo llamaré así, no nos preocupaba el mundo de fuera. Las rutinas ocupaban todo el tiempo. Íbamos en filas de diez, aunque a donde se nos dirigiera llegáramos cien. Una pausa entre decena y decena. Aprendimos siguiendo nuestro propio ritmo. Nadie forzaba desarrollo o aprendi...

Miriam

 Miriam Miriam tuvo una vida dura. Cuando la sacaron de la comuna residencial su embarazo era visible. A ella y otras les obligaban a renunciar. No le costó hacerlo. Sus emociones habían sido sometidas a controles muy precisos. Era un entrenamiento con su finalidad. La de ubicarla en su destino. Tras el parto, estuvo atendida con esmero. Su belleza era lo que iban a explotar. Era muy joven. No le quedaron deformaciones en caderas y pechos. Mimaron su cuerpo y la tuvieron en adiestramiento. En ese periodo estudiaron su carácter poniéndolo a prueba. No era sumisa, aunque no cuestionaba las normas. La aleccionaron para ese papel que cumplía. No siempre estuvo en la 657. A ella también le habían hecho cambiar. En su caso de ciudad. Se había ganado una reputación de excelencia. Con sus cuarenta no necesitaba aprender. Tenía carácter y gancho para someter. Intuía qué debía hacer. Ese era su potencial. La habían adquirido en una subasta. Había salido con precio muy alto y sido adjudicada ...

Raptos II

  Ni Alba ni Miriam eran el resultado de esos raptos de jóvenes. Sus madres ya eran residentes del sistema. Con Alba, como con otras u otros no había resultado como se preveía. Era diferente. La genética da esos saltos. Su progenie controlada había fallado, pero también podía serles útil. Se consideraba que la mejor máquina reproductiva ya estaba inventada, el útero. Para esa finalidad confiaban en un sistema de tutela que educaba siguiendo métodos contrastados. En general funcionaba a la perfección. Si se perdía alguna, entraba en sus planes. Era preferible a otros métodos reproductivos que se destinaban a otros cometidos. En general, el intercambio sexual entre las personas libres estaba exento de reproducirse, para esa finalidad la ciencia había llevado a distintas metodologías. Tampoco había delirio por tener hijos propios. Vivir muchos años y disfrutarlos era lo más deseado. La vida dura que padecía Alba era la del sector que sostenía las bases elementales del sistema. En ella...

Alba II

  Todos estos días los dedico a indagar. Primero he podido pasar desapercibida por las calles próximas. Cuando salgo de mi trabajo voy a casa. Una vez estoy allí, como es de día no necesito encender ninguna luz. Salgo a pasear por las calles. Eso no sorprende. De día hay gente por todas partes. Voy observando a las personas invisibles. Quiero aprender de ellas. No molestan ni se interponen entre los transeúntes. Saben evitarlo. Ya empiezo a moverme así. Advierto que lo estoy consiguiendo. Dentro del edificio también estoy avanzando. La habilidad de no ser advertida me sirve para acceder a espacios privativos de residentes. El otro día pude observar a M cuando cenaba antes de empezar su actividad. Ella no se dio cuenta. Ya me hubiera gustado poder contactar. Llegará ese día. Lo podremos disfrutar. Los clientes me son indiferentes. Desde la calle he podido ver que siempre a la misma hora, la de comer, M sale acompañada. Viste con elegancia y se oculta tras unas grandes gafas oscuras....

Alba

 Alba Tengo que saber. Averiguaré. Nunca antes me preocupé por nada. Mera supervivencia y hacer lo que los protocolos exigen, pero con ella no puedo estar como estaba. De momento haré como si nada. Que no se den cuenta de que la he reconocido. Si me preguntan, que lo harán tengo que estar preparada. Abajo no di problemas. Debo evitar sospechas. Si tengo suerte no nos relacionarán. Entonces nadie se daba cuenta. Aunque quien sabe. Éramos tan niñas que igual no fuimos capaces de disimular y dejaron constancia. Si fuera así no creo que me hubieran asignado ese piso. Menos aún su habitación. No sé si sale como yo. Lo averiguaré. Esperaré. No puedo lanzarme. Ya me estoy adaptando. En esa sección no suelo cruzarme con nadie. Salvo ese día. Aunque pienso haber salido airosa, porque él ni me miró, bastante tenía con llevar a cabo su cometido. Si es de tiempo en la sexta dudo que se vaya con chismes, sabiendo cómo se las gastan. Menos sin saber cómo se me valora. No somos muchas en esta pla...

Raptos

  Eran jóvenes raptadas. Elegidas. Escogidas entre lo mejor. Se hacía un estudio sobre chequeos de salud y resultados académicos. Era indiferente su condición social o de origen étnico. No era relevante el color de su piel. Importaba el equilibrio simétrico de sus formas, en rostro y cuerpo. El rapto estaba organizado. Las familias no conseguían dar con sus hijas desaparecidas. Se hacía propaganda en todos los medios de comunicación y se expandían bulos confusos que propagaban el miedo en la población. Cuando esas jóvenes eran recuperadas no eran capaces de dar ninguna información al respecto. Solían hacerlo tras año más o menos. Habían engendrado y dado al mundo su producción. Durante ese tiempo fueron sometidas a influencias desconocidas, porque en su regreso sólo reconocían un periodo de antes como si fuera ayer de ese día en que habían sido perdidas. Aquello era como una abducción. Sus familias agradecían su regreso. Las revisiones médicas y psicometrías no daban los resultados...

Iris

Narrando de nuevo  Iris Ella como otras vivió en un centro de acogida. En su caso, cuando salió con catorce años lucía un vientre prominente. El abuso continuado había seguido ese cauce. No sufrió en sus valores porque carecía de referentes. Era hermosa. Su destino estaba fijado. El de ella y las otras.  Aquel centro funcionaba en el engranaje del sistema. Sin fisuras. Eran niñas destinadas a un futuro prefijado. Cuando nació su hija, se la quitaron. Lo aceptó. No tenía otra alternativa. Pasaría a una formación específica. Le cambiaron el nombre. Se presentaría como Iris. Aquel día, en la habitación 657 no supo a quien le daba la espalda. Aunque algo extraño sintió no supo darle interpretación. Esa era su habitación. En ella recibía. Alba la había visto. Ella no subía nunca a esa planta. Aquel día le cambiaron el turno. Le propusieron dejar el que hacía siempre. Tocaba mover las piezas. Había llegado a esa edad en que el cuerpo lo muestra. Debía seguir allí donde nadie la mira...

M y yo

 Narrando de nuevo M y yo Ando cansada. No puedo pensar. Mis piernas me llevan. Las siento tensas. Todo el día de aquí para allá. Autómata. El día se fue. No lo vi. Entré al trabajo casi sin tantear el amanecer. No tengo ganas de nada. Me ducharé y encenderé la computadora. Buscaré en ella ese canal que vomita anuncios entre secuencias. Ni caminar me alivia. La gente inexpresiva vuelve o va. Los turnos de noche se activan. Dejé el uniforme, pero sigo estructurada como si formara parte de mi piel. Autómata no veo lo que me mira en su silencio. Luz de escaparates que pasan ante mí. Transeúntes opacos. Coches y bicis. Algún que otro patín despistado. A veces pienso en adquirir uno para desplazarme, pero lo descarto. Caminar es sano. No tengo nada para cenar. Una tisana me bastará. El agua del grifo no hay quien la trague, pero pagarla en botella y cargarla a diario es un gasto que no me puedo permitir. Estoy delgada. Demasiado. Subsisto con lo que nos dan de rancho en el trabajo. El d...

Parezco un chaval

  Tengo el día libre. Tanto si quiero como sino. Lo llevo mal porque no me pasan el sueldo hasta mañana. Yo cobro el veinte. Nos pagan en días distintos. Lo hacen para incentivar el consumo. Difícil. Toca andarse con cuidado, porque de un día para otro hay cosas que desaparecen de las estanterías, y cuando vuelven valen el doble. No sé cómo se lo hace la gente que tiene alguien a su cargo. Yo no tengo ascendencia ni descendencia. Me crié en un lugar al que no volvería nunca. Parece ser que me abandonaron y alguien oyó mi llanto. En realidad no lo sé. Son fabulaciones mías. Igual no. Puede ser que algún cuidador me lo dijera. Cuando cumplí dieciséis me dieron un dinero y una bolsa de básicos. Ya tenía trabajo. Había empezado dos años antes. En el mismo de ahora. En ese tiempo estaba tutelada. Era un aprendizaje. Me gusta lo que hago. No me amargo. Siempre estoy sola. No tengo más comunicación que la estricta de saludar cuando entro y cuando salgo, dejando mi firma sobre una pantalla...

Tras la jornada

 Tras la jornada Ando cansada. No puedo pensar. Mis piernas me llevan. Las siento tensas. Todo el día de aquí para allá. Autómata. El día se fue. No lo vi. Entré al trabajo casi sin tantear el amanecer. No tengo ganas de nada. Me ducharé y encenderé la computadora. Buscaré en ella ese canal que vomita anuncios entre secuencias. Ni caminar me alivia. La gente inexpresiva vuelve o va. Los turnos de noche se activan. Dejé el uniforme, pero sigo estructurada como si formara parte de mi piel. Autómata no veo lo que me mira en su silencio. Luz de escaparates que pasan ante mí. Transeúntes opacos. Coches y bicis. Algún que otro patín despistado. A veces pienso en adquirir uno para desplazarme, pero lo descarto. Caminar es sano. No tengo nada para cenar. Una tisana me bastará. El agua del grifo no hay quien la trague, pero pagarla en botella y cargarla a diario es un gasto que no me puedo permitir. Estoy delgada. Demasiado. Subsisto con lo que nos dan de rancho en el trabajo. El día libre ...