Ir al contenido principal

Alba IV

 


Hoy ha hecho un calor insoportable. Ir andando se me hace insufrible. Las paredes y el suelo están que arden. No llevo agua. Mucha gente no hay. Dudo que hoy haya habido mucho movimiento. He dormido más que nunca. No me animé a salir. Por eso no tengo agua. En la nevera no me quedaba. Sólo una poca de la de lavarme y la he gastado. No he comido. No sé si aguantaré mi turno, pero no tengo permitido llevar nada mío. Con el libro hacen la vista gorda. Como no tengo otros entretenimientos, en las horas vacías, deben pensar que no hago ningún mal. Tampoco tienen idea de lo que puede contener un libro. Su ignorancia me protege. Apenas leen o escriben algo concreto y breve. Sus responsabilidades, como las mías, no tienen ninguna complejidad. Nos saludamos en el cambio de turno. Aunque no lo parezca, esto funciona noche y día. 

Nuestro edificio es de los más altos. Por eso se diferencia con claridad desde el merendero del río. No tiene ninguno pegado a él. Los que debió haber fueron demolidos. Las calles y aceras lo dejan entrever.

Cuando llego me ducho. Agradezco el frío. En invierno no tanto. Nunca disponemos de agua caliente. De todas formas, ese es un lujo que nunca ha estado en mi mano.

En el refugio de mis primeros años nos hacían pasar bajo chorros de agua helada, invierno y verano. A veces salías con hormigueo en  manos y pies. Dábamos saltos y correteábamos para recuperar la sensibilidad. Como nos azuzaban dándonos prisa no nos daba tiempo ni a pensar. No sé yo, pero en días gélidos mis compañeras estaban amoratadas. No lo hacíamos desnudas. Entrábamos por un pasillo en grupos de diez, con esas camisas ásperas que yo siempre arrastré. Después colgaban durante el día. Y nos las volvíamos a poner. No nos podíamos equivocar. Cada una teníamos la marca de nuestra letra y la fecha del día que entramos en registro. Si coincidía añadían letra. En general no hacía falta más. Por la noche, muchas veces no estaba seco, pero debíamos volver a ponerlo sobre nuestro cuerpo. Hubo más de una que enfermó. Nuestras vidas tenían poco valor. Si había una baja pronto se cubría. No sé de dónde venían las nuevas. No puedo reconstruir lo que ignoré.

El caso es que hoy es un día distinto. Por lo visto M no está. Me preocupa que la hayan trasladado a otro sitio, o que sea algo peor. Igual no ha vuelto. Todos los días sale al mediodía. Imagino que hoy también. No siempre estoy merodeando. Menos hoy. Con este calor no hubiera aguantado. No sé cómo lo soportan los invisibles. Van bajo montañas de harapos. Llevan consigo todas sus pertenencias. No tienen ningún sitio. Como no he tenido servicio se me ha hecho más largo que nunca. Ni dormitar he podido porque ya me he acostumbrado a estar atenta a las demandas.

Me han comunicado que mañana, si vuelvo a estar desocupada lo comunicarán. Me ha sentado mal. Como si dependiera de mí. Me he aguantado. Me ha costado. Hubiera estallado. Debe ser por el calor. Me cuesta controlar. También porque me inquieta no saber de M. 

Como tenemos cámaras de vigilancia en los pasillos he podido ver que poco antes de terminar mi turno ha regresado. Ha sido un alivio.

Volver a casa con esa satisfacción me ha resultado más ligero. He ido adquiriendo mis básicos por el camino por el camino. Sobre todo agua. Tampoco saldré. En interior y con quietud aguantaré. Hoy no me he llevado las barritas que nos dan. Me aburre tomarlas siempre. Aún tengo las de ayer en casa. Se han extrañado, pero no he dado explicaciones. Cuantas menos mejor. Debo mantener distancias.

Como he tenido tanto tiempo me he terminado el libro. Por eso he visto a M cuando llegaba. Para entretenerme miraba las pantallas. Hoy ha habido menos movimientos. La actividad del la sexta no siempre es igual, pero hoy ha sido inusualmente baja.

Cuando he visto en pantalla a M, también había otras que regresaban. Posiblemente han tenido alguna actividad en otro lugar. Lo desconozco. La vida de los que están en la cumbre no está a mi alcance.

Me entristece no tener otro libro para leer. Releeré. Me lo prestó anteayer y no puedo irle con que ya lo acabé. Dudaría o pensaría que no trabajo y eso es malo, porque sólo con la sospecha pondría en marcha mi desahucio, y una vez se lanza el aviso de la sospecha de impagos no hay quien lo pare.

Este libro bien merece otra lectura. Puedo proyectar en él lo que vivo. Era un tiempo de encierro. Como el nuestro. El hambre y las enfermedades diezmaron la población. Puedo creer que pocas personas sobrevivimos. Mi naturaleza es fuerte. Tengo suerte. No tengo sueño. Empezaré de nuevo. Ahora ya sé cómo se van desarrollando los acontecimientos. No será lo mismo. Éste no estaba en nuestro refugio. Creo que no pasaría su filtro ni quitando casi todas sus páginas. Es extraño que haya llegado a mis manos. Deben considerar que no soy ningún peligro. Que no podría hacer nada con lo que de él pueda sacar.

Lo he hecho. Me he acercado a la puerta. No lo he podido evitar. Si hubiera respondido a mi llamado no sé qué hubiera pasado. He esperado en vano. Ni siquiera he oído pasos al otro lado. Me impacienté. No debí hacerlo. Sólo me falta que alguien haya mirado las pantallas en ese momento. He subido a la sexta antes de marchar. Debo contener mis impulsos. He pasado tantos miedos al no saber nada de ella durante mi turno que ha sido superior a mí. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Raptos

  Eran jóvenes raptadas. Elegidas. Escogidas entre lo mejor. Se hacía un estudio sobre chequeos de salud y resultados académicos. Era indiferente su condición social o de origen étnico. No era relevante el color de su piel. Importaba el equilibrio simétrico de sus formas, en rostro y cuerpo. El rapto estaba organizado. Las familias no conseguían dar con sus hijas desaparecidas. Se hacía propaganda en todos los medios de comunicación y se expandían bulos confusos que propagaban el miedo en la población. Cuando esas jóvenes eran recuperadas no eran capaces de dar ninguna información al respecto. Solían hacerlo tras año más o menos. Habían engendrado y dado al mundo su producción. Durante ese tiempo fueron sometidas a influencias desconocidas, porque en su regreso sólo reconocían un periodo de antes como si fuera ayer de ese día en que habían sido perdidas. Aquello era como una abducción. Sus familias agradecían su regreso. Las revisiones médicas y psicometrías no daban los resultados...

Alba II

  Todos estos días los dedico a indagar. Primero he podido pasar desapercibida por las calles próximas. Cuando salgo de mi trabajo voy a casa. Una vez estoy allí, como es de día no necesito encender ninguna luz. Salgo a pasear por las calles. Eso no sorprende. De día hay gente por todas partes. Voy observando a las personas invisibles. Quiero aprender de ellas. No molestan ni se interponen entre los transeúntes. Saben evitarlo. Ya empiezo a moverme así. Advierto que lo estoy consiguiendo. Dentro del edificio también estoy avanzando. La habilidad de no ser advertida me sirve para acceder a espacios privativos de residentes. El otro día pude observar a M cuando cenaba antes de empezar su actividad. Ella no se dio cuenta. Ya me hubiera gustado poder contactar. Llegará ese día. Lo podremos disfrutar. Los clientes me son indiferentes. Desde la calle he podido ver que siempre a la misma hora, la de comer, M sale acompañada. Viste con elegancia y se oculta tras unas grandes gafas oscuras....

Iris

Narrando de nuevo  Iris Ella como otras vivió en un centro de acogida. En su caso, cuando salió con catorce años lucía un vientre prominente. El abuso continuado había seguido ese cauce. No sufrió en sus valores porque carecía de referentes. Era hermosa. Su destino estaba fijado. El de ella y las otras.  Aquel centro funcionaba en el engranaje del sistema. Sin fisuras. Eran niñas destinadas a un futuro prefijado. Cuando nació su hija, se la quitaron. Lo aceptó. No tenía otra alternativa. Pasaría a una formación específica. Le cambiaron el nombre. Se presentaría como Iris. Aquel día, en la habitación 657 no supo a quien le daba la espalda. Aunque algo extraño sintió no supo darle interpretación. Esa era su habitación. En ella recibía. Alba la había visto. Ella no subía nunca a esa planta. Aquel día le cambiaron el turno. Le propusieron dejar el que hacía siempre. Tocaba mover las piezas. Había llegado a esa edad en que el cuerpo lo muestra. Debía seguir allí donde nadie la mira...