Nos buscaban. Inevitable encontrar nuestro sitio. Suerte que no estábamos allí cuando llegaron. Habíamos ido a la orilla de los desguaces, a buscar cualquier cosa que nos pudiera ser útil. Prevenidas desde que llegaron señales adversas, comunicadas entre invisibles, escuchadas sin ser vistas. Teníamos recursos escondidos en distintos puntos. Reservas, pero no suficientes. Tocaba empezar de nuevo. Nos incorporamos a uno de los grupos que salía, no sin antes disfrazar en lo posible nuestra apariencia, tiznando nuestra piel por toda su superficie, enganchando restos con resina y cambiando su aspecto, simulando escaras y señales. Caminábamos entre los demás mimetizando su ritmo. Sería difícil salir, pero no perdimos confianza. Lo íbamos a conseguir. Ya no había otra opción. Nada seria seguro. Habíamos disfrutado de un paréntesis vital. Queríamos vivir. Entonces más que nunca. Nuestras vidas compartidas. La compañía que nos dábamos una a otra había propiciado un futuro deseado....