Nos buscaban. Inevitable encontrar nuestro sitio. Suerte que no estábamos allí cuando llegaron. Habíamos ido a la orilla de los desguaces, a buscar cualquier cosa que nos pudiera ser útil. Prevenidas desde que llegaron señales adversas, comunicadas entre invisibles, escuchadas sin ser vistas. Teníamos recursos escondidos en distintos puntos. Reservas, pero no suficientes. Tocaba empezar de nuevo. Nos incorporamos a uno de los grupos que salía, no sin antes disfrazar en lo posible nuestra apariencia, tiznando nuestra piel por toda su superficie, enganchando restos con resina y cambiando su aspecto, simulando escaras y señales. Caminábamos entre los demás mimetizando su ritmo. Sería difícil salir, pero no perdimos confianza. Lo íbamos a conseguir. Ya no había otra opción. Nada seria seguro. Habíamos disfrutado de un paréntesis vital. Queríamos vivir. Entonces más que nunca. Nuestras vidas compartidas. La compañía que nos dábamos una a otra había propiciado un futuro deseado....
M y A El mundo estaba al margen. Cuando escuché caer un cuerpo al agua, de inmediato me lancé a su encuentro. Me guié por ese sonido que no me hizo temer, ni dudar. Esa noche había escasa claridad. La luna estaba en ese punto de mínima curva. Las estrellas eran mi mapa. Alcance ese cuerpo cuando se hundía. La llevé a la orilla de la costa. Mi isla estaba más lejos. De inmediato, cuando llegamos, supe que era ella. No necesité verla. Su olor y tacto son inconfundibles para mí. Inconsciente quedó tendida. Nadie podía darse cuenta. Estábamos del otro lado de la edificación amurallada, a pocos metros de su embarcadero. La dejé allí y me oculté. Temía ser descubierta. Temía por ella, pero hubiera sido más complicado protegerla si me quedaba a su lado. Cuando recuperó el sentido le hice señas tras silbar con suavidad aquel sonido que en nuestros años de encierro infantil nos había servido para comunicarnos cuando todas dormían. Perpleja, no dio crédito a lo que escuchaba. Me lo di...