Ni Alba ni Miriam eran el resultado de esos raptos de jóvenes. Sus madres ya eran residentes del sistema. Con Alba, como con otras u otros no había resultado como se preveía. Era diferente. La genética da esos saltos. Su progenie controlada había fallado, pero también podía serles útil.
Se consideraba que la mejor máquina reproductiva ya estaba inventada, el útero. Para esa finalidad confiaban en un sistema de tutela que educaba siguiendo métodos contrastados.
En general funcionaba a la perfección. Si se perdía alguna, entraba en sus planes. Era preferible a otros métodos reproductivos que se destinaban a otros cometidos.
En general, el intercambio sexual entre las personas libres estaba exento de reproducirse, para esa finalidad la ciencia había llevado a distintas metodologías. Tampoco había delirio por tener hijos propios. Vivir muchos años y disfrutarlos era lo más deseado.
La vida dura que padecía Alba era la del sector que sostenía las bases elementales del sistema. En ella estaba esa población con la que se cruzaba en las calles en su ir y venir.
Y suerte, porque si se perdía no tendrían dónde guarecerse.
Los controles eran estrictos. No tenían segundas oportunidades.
Los mendigos de la calle eran los supervivientes del ostracismo.
Quitarse de en medio era el primer pensamiento. Eso mejor que la calle, sin techo ni derechos.
No se participaba de ninguna forma. Se era un nombre y una huella.
Alba no esperaba nada más.
Aquellos libros que el mundo anterior había dejado le estaban dando señales sobre maneras distintas de vivir.
No se habían eliminado. No se consideró su poder. Habían dejado de tener interés. Abrir un libro y leer era inusual. Que ella lo hiciera no alertaba porque la consideraban incapaz de inferir nada fuera de aquello aprendido.
Se consideró que leyendo llenaba el vacío vital.
Una persona incapaz de crear vínculos de amistad o compañerismo tenía riesgos que en su caso querían evitar, porque era muy eficaz en sus cometidos. Sin error y con precisión en todo aquello que se le encomendara. Y eso era un plus a su favor. Además no reclamaba. Lo aceptaba. Sólo hubo una infancia complicada en la que su desconcierto le trastornaba.
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